Eternal sunshine of the absent mind

on 26 enero, 2009
O De cómo (no) preparar té en 11 fáciles pasos

1) Ponga la pava con agua en el fuego y prepare la taza con el té de su elección.
2) Retírese de la cocina hacia otra habitación no contigua.
3) Busque aguja e hilo para hacerle el ruedo a su pantalón.
4) Deje pasar 30 segundos y olvídese del pantalón; póngase a comer uvas mientras practica quechua.
5) Siga profundizando en el quechua. Trate de pronunciar las palabras, por espacio de 20 o 30 minutos aproximadamente.
6) Vuelva a la cocina y retire lo que quede de la pava del fuego sin que sus manos se peguen al plástico.
7) Compre otra pava.
8) Ponga la pava con agua en el fuego y prepare la taza con el té. *
9) Observe fijamente la pava hasta que el agua hierva - note que el agua hierve por acción del fuego, y no de su poder mental-.
10) Apague el fuego.
11) Sirva el agua caliente en la taza.


* si dispone de tiempo quizás quiera probar la forma no tradicional de preparar té, muy practicada entre las comunidades mawas; consiste en esperar a que el agua hierva, apagar el fuego, y salir de la cocina antes de preparar las hojas y la taza para hacer el té. Puede volver cuando el agua esté fría y tenga que calentarla de nuevo.

Faunalidades

on 22 enero, 2009
La fauna se duerme adentro de la pecera.
La fauna medita, entrecierra los ojos. Trata de recordar cómo fue que llegó acá.
Un deseo. Un avión. Otro deseo. Una entrevista.


Y la fauna ya habitaba la pecera de cristal de 3 a 9.
Trataba de salir de ahí; muchas veces. Pero no lograba nada. Sólo pensaba cómo hacer para escapar del universo perfecto de los perfumes y las cremas para el bigote.
-No hay nada más que se pueda hacer,- pensó. Intentar escapar, esperar a mañana.
Querer salir.


Los días de sol, estas eran las cosas que pensaba la fauna en la pecera,
rodeada de otras faunas.
on 21 enero, 2009

Días de avenida

on 20 enero, 2009
Llueven panaderos en la cocina.
camino por avenida pellegrini y se me rompen los zapatos; sigo descalza. me dan cinta scotch gigante para arreglarlo. esto es argentina. saludo a los perros de siempre. camino camino, me paro en el kiosco y

leo el titular. sigo caminando. ¿como se las arregla la gente para generar todo
eso?

tiro las sandalias rojas en el piso de madera cuando llego, los murciélagos conversan en la terraza de mi casa-mientras ute toma agua en patas en la cocina -.
me desprendo de la segunda piel que necesito para vivir afuera. Prendo un sahumerio, prendo la música, prendo el fuego.
riego una planta de albahaca, una menta-limón, el ficus-pocus. llueve. la noche es una
espiral infinita de sueño y desvelos, gente rara que me visita, gotas cayendo en la bañera; estoy pero no

estoy, y de nuevo camino por avenida pellegrini y llueven panaderos en la cocina.

esta vez es en serio.

Agua

on 18 enero, 2009
tirada en la cama panza arriba escuchando la lluvia pienso que debería existir un control remoto ambiental para subirle el volumen.

Ángel

on 17 enero, 2009
Hoy vi un ángel.
Estaba parado en la puerta del centro comercial, vestido de traje; tenía el pelo blanco y dos bolsas en la mano. Se giró a mirarles el culo a dos chicas que entraban. Ahí se dio cuenta de que yo lo miraba a él. Se acomodó la solapa.
Me miró de nuevo. Se acomodó la corbata.

A lo mejor no era un ángel.

digo

Intro

on 16 enero, 2009
Septiembre será escrito entre maniquís pelados y cremas para la cara, cerca de un lugar en el que venden aritos y un negocio de peluches perfumados. Ahí es donde paso 6 horas por dia, escribiendo en papeles que después pierdo en la cartera, en la pieza, por la calle...
Así que pasen y lean, los que me conocen bienvenidos, y a los que no conozco, mucho gusto.

mujeres pájaro

Hay dos tipos de mujer pájaro. Me atrevería a decir que incluso tres.


Ella, la primera mujer pájaro, llevaba polleras al aire, andaba descalza entre la niebla ciudadana de ojos y corazones oxidados. Dejaba volar su imaginación sólo porque no podía hacer otra cosa. Atarla hubiera sido un suicidio en tercer grado. Se dejaba caer sobre la cama, su cabeza asomándose hasta el piso, boca arriba. Así miraba cómo el mundo al revés se volvía coherente consigo mismo. Las lámparas-telaraña salían del suelo, los sillones colgaban en el techo y el sur se volvía norte de nuevo. Para ella no había luz ni oscuridad; sólo día y noche. Compraba jamón cocido para los perros de la calle, cultivaba jazmines y plantas de albahaca. Miraba las estrellas al atardecer, dejaba que se deslizaran sus sueños hasta el alba.

La segunda mujer pájaro repetía comidas semana de por medio. Los lunes albóndigas con pasta, los jueves espaguetis a la carbonara. Dejaría que pasaran cuatro días hasta anunciarle a su marido que la nena no quería ser doctora. Pasaba el plumero dos veces seguidas, usaba guantes, y nunca llegaba a una reunión sin sus masitas caseras recién horneadas. Hacía ñoquis el 29, tapaba bien el pan para que no se secara, y nunca, bajo ningún concepto, barría algo de noche.
El perro en el jardín, y las flores de plástico sobre la mesa con hule del comedor, hasta las 12 en que servía el vino tinto con soda y el almuerzo.

La mujer con permanente impecable y uñas largas, de vestidos de lunares blancos sobre fondo negro, jamás hubiera imaginado que tenía cuerpo de pajarito .
Encerrada en su propia jaula de jarrones chinos y tapetes tejidos a crochet, sabía de la existencia de las otras mujeres pájaro, las verdaderas mujeres voladoras.
Esas que simplemente habían dejado la puerta abierta, sin jaulas que mirar desde el cielo.


para Tuky,
mujer pájaro cultivadora de jazmines.